Afirmar que te han fastidiado la vida es algo muy fuerte.
¿Qué pudo haber hecho Patricia?
A Cris no se imaginaba lo que podía haber pasado.
Patricia era una joven de veinticuatro años que estuvo saliendo desde los dieciséis con Eric, un año menor que ella.
Con veinte años se había quedado misteriosamente embarazada, pero Eric no lo supo hasta que dio a luz a una pelirroja niña, igual que su madre, llamada Amanda.
Eric la crió desde pequeña, y después de ocho años de relación y con una hija de cuatro, descubrió que Amanda no era suya.
En una discusión muy fuerte, y en un estado de rabia, Patricia le confesó que había estado con uno de sus amigos cuando se quedó embarazada de Amanda.
Tal fue el cabreo, que Eric acabó totalmente con la relación, recogió todas las cosas de la casa que compartían y se marchó.
No tenía ganas de volver a estar con quien le había mentido durante tanto tiempo.
Echaría de menos ver a aquella niña de pelo rizado, cuidarla y quererla, puesto que para él era su hija, pero su madre le había hecho mucho daño y verla le recordaría cada día los años que había vivido en un engaño.
Dejó de ver a sus antiguos amigos, aquellos que ambos compartían, aquellos entre donde estaba el traidor, el que se hacía llamar amigo y le clavaba el puñal por la espalda.
Los había protegido tanto que no se podía imaginar que uno de ellos le hubiera hecho eso.
Buscó un piso donde vivir hasta que acabase la carrera y se hizo amigo de sus nuevos compañeros.
Estaba harto de cuidar de lo que no era suyo y de que lo tratasen como si fuera tonto.
Desconectó de todo el mundo, no contestaba llamadas, hasta que un día recibió una de un número oculto.
Desde que descolgó supo quién llamaba, reconoció la dulce voz de la que era su hija.
¿Cómo había conseguido Amanda su teléfono?
Por un momento olvidó el pasado y habló con la niña.
-Papi, ¿dónde estás?¿Por qué ya no vives en casa?
Patricia no le había contado nada a la niña.
-Amanda, cariño, mami y yo estamos enfadados y yo me fui de casa hasta que se nos pase el enfado.
-Te echo de menos papi. Y mami también.
-Yo también te extraño Amanda. Te quiero mucho.- respondió Eric con los ojos llenos de lágrimas.
Pero antes de que la niña pudiera responderle que ella también lo quería y que quería que volviese a casa, su madre le arrebató el auricular.
Era la oportunidad que tenía para pedirle perdón a Eric y rogarle que regresase.
-Amanda, hija,¿sigues ahí?- preguntó Eric, secándose las lágrimas con la manga de su sudadera.
-Eric, vuelve, por favor, por la niña.
Patricia.
Tenía claro que no quería volver a verla, pero si que quería estar de nuevo con la niña.
-No pienso volver si es lo que pretendes. Yo a la niña la quiero y para algo la he cuidado desde que nació. Y porque su madre sea una golfa no voy a dejar de verla y darle todo lo que necesite. Voy a seguir viéndola, pero no me voy a quedar en la casa. Se viene conmigo algunos días y la voy a seguir tratando como hija mía.
Y cuelga sin darle tiempo a responder.
Sigue llamándolo el resto del mes, pero él ya no contesta.
Cuando quiera hablar con su hija, la irá a buscar y hablaran.
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