sábado, 21 de diciembre de 2013

"El niño de los ojos azules"

         Terminaba un día que había transcurrido con una comida con mis padres y unos amigos suyos. El coche iba demasiado lleno y como estábamos cerca de casa, algunos tuvimos que empezar a caminar para llegar a ella. De repente alguien montado en una moto apareció cerca nuestro, pero al principio no le presté mucha atención. Seguí caminando y el de la moto me seguía. Me paré y cabreada le dije que qué pasaba.   Primero, mientras hablaba se subió la visera del casco y pude ver unos hermosos ojos azules aunque era de noche se podía distinguir perfectamente el color y después se quitó el casco completamente. ¡Yo conocía a ese chico! De pequeños habíamos estado muchos años compartiendo clase.
         Estaba harta ya de caminar, y como vivimos relativamente cerca le pedí que si me podía subir en la moto él. Accedió y los demás pudieron subir en el coche de mis padres.
         Más rápido que la velocidad de la luz estábamos por fuera de su casa. Aparcó y me acompañó hasta la puerta de mi casa. Todavía quedaba tiempo para que los demás llegaran, así que empezamos a hablar. 
         Comenzamos prenguntándonos cosas que no sabíamos del otro después de tanto tiempo sin vernos.
         De pronto me contó que llevaba mucho tiempo enamorado de mi, que aún se acordaba del primer día que me vio, en el que todos no parábamos de llorar porque no queríamos separarnos de nuestras madres, cuando yo llevaba mis rizos.
         No podía comprender cómo no me lo había dicho después de todos los años que nos conocíamos.   Pero cuando quise preguntárselo, mis padres llegaron y él se marchó.
         Al día siguiente vino de nuevo a mi casa. Bajé y empezamos a hablar mientras caminábamos.
         Fuimos hasta su casa y al entrar nos encontramos a su madre. Después fuimos al salón y nos sentamos. Charlamos sobre todas las cosas que habíamos hecho juntos cuando aún estábamos en el colegio.          Recordé las veces que fuimos el uno a la casa del otro para hacer miles de trabajos, cuando salimos en Halloween juntos y mi madre le pedía al otro amigo que nos acompañaba que me cuidara bien, que de él no se fiaba, cuando mi regla partida acabó en medio de su frente haciéndole un puntito rojo que le duró unos cuantos días y la curiosa cicatriz que dejó en mi barbilla de por vida después de un torpe cabezazo por ir los dos corriendo.
         Le comenté que una de mis ilusiones era hacer una reunión de antiguos alumnos, como lo hacen los estadounidenses, y juntar a todos los que compartimos clase durante nueve años.
         "-¿Por qué te gustaría hacer eso?- me preguntó.
          -Quitando algunas cosas, esa época fue la mejor de mi vida. Estos años han jugado mucho conmigo y se han reído mucho de mí. En el colegio se metían un poco conmigo, sus palabras nunca me hicieron daño, porque solo eramos un par de mocosos."
         Seguimos saliendo como amigos durante un tiempo, me llevaba a dar vueltas en su moto,etc., aunque sabía que aún le gustaba.
         Más tarde, un día me llegó un mensaje suyo diciéndome que buscara un traje bonito, que al día siguiente me llevaría a un sitio muy elegante.
         Conseguí un hermoso traje azul que me llegaba casi a los pies.
         Como me había dicho me vino a buscar, pero esta vez con el coche.
         "-Menos mal que trajiste el coche porque con estos tacones no puedo caminar más de dos metros sin caerme.
          -No dejaría que te cayeses. No te preocupes. Toma, póntelo en los ojos y asegúrate de que no ves nada.- me dijo pasándome un trozo de tela."
         Yo me la coloqué y aunque llevaba los ojos tapados, intentaba averiguar por los movimientos del coche a dónde nos dirigíamos, pero no lo logré.
         De pronto sentí que paramos, su puerta abrirse y cerrarse y luego abrirse la mía. Me tendió su mano para bajarme del coche y luego me dirigió hacia ese misterioso lugar.
         "-Cuidado, ahí hay un escalón, no te vayas a tropezar. Sujétate a mi brazo si quieres."
          Llegamos y quitó la venda que me tapaba los ojos. Estábamos en el colegio. Pero no era como todos los días; en medio del patio había un escenario y alrededor estaban varias mesas redondas colocadas y perfectamente decoradas para una ocasión especial.
          No podía entender por qué el colegio estaba así ni por qué estaban todos allí. Mis antiguos compañeros y algunos de otras clases se encontraban ahí.
          Solo lo pude comprender cuando él me dijo que mi sueño, mi deseo se había cumplido, él lo había hecho realidad.
          La reunión había comenzado y todos estábamos comiendo en las mesas ordenados por la clase en la que estuvimos cuando me llamaron al escenario para que dijera algunas palabras. Brevemente recordé algunas cosas que me habían ocurrido en el pasado con algunos de mis compañeros, como cuando con mi mejor amiga de esa época empezábamos a darle pequeñas patadas a los chicos, o cuando me caí y me tuve que pasar una de las fiestas locales con el brazo en cabestrillo,... No me podía olvidar de él, el niño de los ojos azules que se había convertido en todo un hombre que me sacaba una cabeza.
          Comenté que ese tiempo fue uno de los mejores para mi, aunque había veces que se metían conmigo, pero eran cosas de niñas pequeñas y ya lo había olvidado.
          "-Aunque el colegio fuese donde mejor lo pasé, no me puedo olvidar de lo mucho que he aprendido en el instituto ni de las personas que ahí he conocido, porque esas, exactamente una que está aquí presente y otra que no está, que han hecho esos seis años los más amenos y divertidos posibles. Por eso quiero darles las gracias a esas dos personitas que tanto quiero. Espero que lo sepan y no se les olvide nunca."
          Por último mis palabras fueron:
          "-Y por último quiero decir que hoy he aprendido una lección muy importante, y es que lo que empezó en el colegio puede seguir hasta ahora y que hay veces que se le puede dar una oportunidad al pasado."
          Bajé del escenario y la música empezó a sonar. Él me sacó a bailar.
          "-Señorita, ¿me concede este baile?"
          Empezamos a bailar cuando mi "papi" apareció y me pidió que lo acompañase. Me apartó para decirme que había grabado mis palabras y se las había enviado a mi mejor amigo, que por un mensaje me contestó que claro que lo sabían y que ellos también me querían.
           Después me devolvió con mi pareja de baile. Me preguntó que me había dicho y se lo conté.   Empezó una canción lenta y nos acercamos más, yo apoyé mi cabeza en su hombro y seguimos la música.
           Me preguntó que si lo que había dicho en el escenario iba por alguien en concreto y yo le respondí que iba por él. Y nos fundimos en un beso.


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